El Fuego es el reflejo de nuestro pensamiento: dispuesta a devastar el mundo
por Dominique Blumenstihl-Roth
La ola de calor (verano de 2013, verano de 2019, verano de 2025, verano de 2026) es un índice que revela el estado de nuestra civilización. Somos el planeta y él se nos parece. Hacemos cuerpo con él y él con nosotros. ¿Sabemos amarlo, habitarlo respetuosamente? Y él, por su parte, ¿continuará dejándonos vivir en su seno? El fuego, ligado al estado canicular, no solo nos acecha o nos amenaza, sino que se expresa.
Hace varios años, alerté sobre este tema.
1. La ola de calor provoca la sequía
Es el reflejo de nuestro pensamiento: dispuesto a devastar el mundo con tal de salvaguardar nuestro pequeño interés, con la sola salvedad de que no salvaremos nada si el mundo queda aniquilado. ¿Dónde empieza la devastación? No hablo aquí de las selvas amazónicas, por las que nos conovemos mucho, sobre todo porque están lejos de nosotros, sino de nuestros criterios de pensamiento, lo que Nietzsche llamaba Verwüstung. Él entendía por ello la desolación más allá de la simple destrucción: el aniquilamiento del ser.
Estábamos convencidos de que nuestros sistemas sobrevivirían por toda la eternidad. Estábamos tan bien instalados en nuestra creencia en la eterna productividad y la expansión infinitas. Un golpe de sequía canicular y todo se detiene, incluidas nuestras centrales nucleares y nuestros TGV (trenes de alta velocidad), cuyo alto valor tecnológico tanto habíamos preciado. La ola de calor debería darnos un golpe de modestia en la cabeza…
2. Ola de calor, sequía y desolación
Hannah Arendt escribe en su ensayo ¿Qué es la política? que el desierto abole, mientras que la desolación cultiva precisamente y extiende todo lo que atenaza y todo lo que impide.
¿Habremos entrado en un periodo de desolación del cual la ola de calor sería la señal?
¿Es la sequía de los espíritus la responsable de la sequía que se extiende sobre el país? El pensamiento corto, esencialmente materialista, centrado en la rentabilidad financiera… la sequía de las almas, la pobreza de los corazones, la violencia ejercida contra todas las formas de esperanza y de elevación, el rebajamiento general de la relación con la Vida y la negación del Principio de Creación en favor del Principio de devastación. ¿Bastarían unas cuantas sesiones de coaching (¿sobre qué módulos eficaces y probados?) para volver a encarrilar a la humanidad? ¿Qué raíles? La ola de calor los ha deformado severamente. Prueba de que las antiguas estructuras ya no pueden acoger las nuevas energías que exigen vías completamente nuevas.
«La desolación de la tierra puede ir acompañada de un alto nivel de vida —escribe también Hannah Arendt…— y obsesionarlo todo de la manera más siniestra, a saber, ocultándose…»
Una desolación organizada, por tanto, que prevé en su puesta en marcha el disimulo de su verdadero proyecto, que es aniquilar.
¿Estamos viviendo un periodo semejante?
Nuestra capacidad de acostumbramiento es tal que corremos el riesgo de no darnos cuenta, reconfortados como estamos soñando con alternativas posibles: un poco de ecología razonable pondría las cosas en orden, sin cambiar nada en el fondo de nuestra concepción de la vida en la tierra. Un poco de barniz social bastaría para calmar las angustias y el «sistema» se salvaría a sí mismo, al tiempo que prohibiría la verdadera transferencia de energía. En cierto modo, se mejora la suerte del esclavo quitándole la cadena, pero prohibiéndole abandonar jamás la plantación. Acostumbrándose a este nuevo confort, estará agradecido con la vara oculta que no por ello dejará de caer llegado el momento.
Nos acostumbramos a lo intolerable, prosigue Hannah Arendt en términos muy severos que podrían sorprender (o sublevar) a los especialistas:
«…gracias a los medios de adaptación que nos proporcionan la psicología y el psicoanálisis, en su monstruosa uniformidad y la insipidez de las categorías que inventa, agente de desertificación en cuanto borra las riquezas del amor, del corazón, reduciéndolo todo a la pequeñez de las pulsiones sexuales…»
Cabe señalar que la filosofía tampoco ha resuelto en absoluto la cuestión de la desertificación de los espíritus: hay tantas filosofías como filósofos, tantos modelos y antimodelos como pensadores existen.
3. Quedan las Islas, los Oasis
«Si los Oasis no permanecieran intactos, ya no sabríamos cómo respirar…» ¿Qué oasis? ¿Dónde están?
Para mí, las Islas-Oasis son las lectoras y lectores de este Blog; son los libros y películas de mi Maestro. Los Oasis son los espacios, los seres apasionados por la libertad, capaces de no estar sometidos al dogma de las ideas de moda, de las convenciones institucionales, de los aparatos que pretenden destilar su autoridad. Las Islas-Oasis son las desviaciones (no violentas) que desafían al Orden y su coacción, las insurrecciones del alma sofocada, los infatigables compañeros del Libro revelador.
Las Islas-Oasis son los Amigos de… Don Quijote, porque no renuncian a hacer fértil el mundo con su semilla, a recibir esa semilla en su tierra generosa.
¿Qué hacer? Un mundo nuevo, dotado de una nueva política, escribía Tocqueville, sin precisar sobre qué se fundaría esa nueva política. Me parece que es momento no de inventar filosofías, sino de fertilizar las tierras de resurrección ya existentes, recibiendo a la generación que se dotará del «nuevo pensamiento»: el pensamiento iniciático. Este pensamiento iniciático también está obligado a renovarse, a integrar las actualizaciones y desprenderse de las obsolescencias en las que algunas instituciones querrían mantenerlo. Hago un llamamiento, para Reconstruir el mundo… a una política (po-ética), fundada en el conocimiento del Motivo de universalidad.
4. Desde un punto de vista iniciático
La ola de calor expresa el estado máximo de la entropía en Tzadé final. Es la situación de Francia, cuya primera letra de su nombre en hebreo es una Tzadé:
צ
Las dos polaridades, claramente dibujadas en la parte superior de la letra, están frente a frente. El lado «Que Hace» (a la izquierda) presenta una línea continua, lineal. Está convencido de la continuidad permanente de las cosas. Y es ahí donde la casa se quema. Del lado «Que Sabe», surge la posible alternativa. De este lado se sitúa el Conocimiento, bajo sus diversas formas aparecidas a lo largo de la Historia humana. La dificultad, en la rama diestra, es que el Conocimiento que presenta la alternativa se ha quedado bloqueado en enfoques arcaicos, sin que hayamos integrado los avances y las actualizaciones actualizantes. Tenemos, por tanto, por un lado un sistema ultramaterialista que se derrumba y que quiere sobrevivir a toda costa, y por otro, el sector del Conocimiento esclerosado en acepciones pasadas de moda.
Estas claves del Conocimiento renovadas han sido desveladas. Es El Código de los Códigos, al alcance de todos y para las generaciones futuras.
Referencias:
— Don Quijote profeta y cabalista
— La Face cachée du Cerveau (Le Code des codes) [La cara oculta del cerebro (El código de los códigos)]
— The Hidden Face of the Brain
— Rebâtir le Monde [Reconstruir el mundo]
— Ces Désastres qu'on nous fabrique [Esos desastres que nos fabrican]
Estos libros están disponibles en el sitio web de Dominique Aubier.



