Su paso por Carboneras dejó una huella profunda tanto en la cultura local como en su propia obra.
1. Su refugio e imán intelectual
Aubier llegó a un Carboneras que en los años 60 todavía era un pueblo de pescadores aislado, rústico y fascinante. Allí se construyó una casa inspirada en los planos de un antiguo palacio almohade del siglo XII, con gruesos muros y vistas al mar y al paraje del Cabecico del Aire.
Bajo su influencia, esa casa se convirtió en un faro cultural e intelectual. Carboneras pasó a ser un punto de encuentro donde recalaban artistas, pintores y pensadores internacionales de la época, como el pintor franco-alemán Hans Hartung o el artista venezolano Jesús Rafael Soto.
La casa de Dominique Aubier en Carboneras (Almeria)
2. El origen de su gran tesis: El Quijote y la Cábala
Fue precisamente durante sus años de aislamiento voluntario, sol y sal en Almería donde Aubier desarrolló sus investigaciones más famosas. En 1966 publicó su obra cumbre: Don Quijote, profeta y cabalista. En este libro defendía la teoría de que la obra maestra de Cervantes era en realidad un texto codificado en clave hebrea y esotérica, y que podía leerse de manera paralela siguiendo las reglas de la Cábala. Para ella, el paisaje austero de Almería conectaba profundamente con el misticismo y la perspicacia de la cultura andaluza.
3. Un papel histórico clave (España e Israel)
Pocos saben que desde su casa en Carboneras, Aubier jugó un rol de diplomacia informal crucial. Entre 1966 y 1967, colaboró estrechamente con el entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga. En la propia mesa de su casa de Carboneras se gestaron las conversaciones para abrogar (anular) de forma definitiva el Edicto de Granada de 1492 (el decreto de expulsión de los judíos de los Reyes Católicos), un paso que facilitó años más tarde el establecimiento de relaciones diplomáticas oficiales entre España e Israel.
4. Su adiós a Almería
A finales de los años 80, tras más de dos décadas viviendo frente a la costa almeriense, Dominique Aubier decidió regresar a su Francia natal. Se instaló en un pequeño pueblo de Normandía, donde continuó escribiendo y editando libros hasta su fallecimiento en diciembre de 2014 a los 92 años.
Quienes la recuerdan en Carboneras aún hablan de una mujer magnética, adelantada a su tiempo, que caminaba por la playa con túnicas y que trajo una dosis inolvidable de misticismo y vanguardia a la Almería de los años sesenta.
Durante la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana en Francia, siendo una mujer muy joven (tenía apenas unos 18 o 20 años), Marie-Louise Labiste (su nombre real) se unió activamente a la Resistencia francesa contra los nazis.
Aquí te detallo algunos puntos clave de esa etapa de su vida:
Su papel en el frente intelectual y clandestino
Gracias a su agudeza e inteligencia, colaboró en la creación de pasaportes y salvoconductos falsos para ayudar a escapar a personas perseguidas por el régimen nazi y el gobierno colaboracionista de Vichy.
Redes de escape: Participó en la logística de las redes clandestinas que escondían a miembros de la resistencia y a ciudadanos judíos, facilitando su salida hacia zonas seguras.
En la Resistencia francesa, Dominique Aubier no fue una colaboradora pasiva: su valentía y capacidad organizativa la llevaron a alcanzar el grado militar de Teniente de las Fuerzas Francesas del Interior (FFI). Su andadura en la Resistencia francesa está indisolublemente ligada al doctor Guy Genon, quien no solo fue su compañero de armas en la clandestinidad, sino también su esposo.
Fue precisamente en la clandestinidad de la Resistencia donde nació el nombre por el que todos la conocerían después: Dominique Aubier. Adoptar un pseudónimo era una cuestión de pura supervivencia para proteger su identidad real y a su familia en caso de ser capturada por la Gestapo. Al terminar la guerra, decidió mantener ese nombre como su firma literaria y personal para el resto de su vida.
Haber mirado de frente a la muerte y al horror del nazismo siendo tan joven forjó en ella ese carácter indomable, libre y profundamente humanista que fascinó años después a los vecinos de Carboneras. De hecho, su obsesión posterior por la paz, el entendimiento entre culturas y el misticismo judío nació en gran medida de las cicatrices y las lecciones que le dejó la Segunda Guerra Mundial.
El descubrimiento de Dominique Aubier
sobre la relación entre Don Quijote de la Mancha y el Zohar (el libro central de la Cábala judía, escrito en la España medieval) fue revolucionario, polémico y el eje central de su vida como investigadora.
Para Aubier, la obra de Miguel de Cervantes no era una simple parodia de los libros de caballerías, sino un texto cifrado de altísimo nivel místico y profetico. Según sus tesis expuestas en libros como Don Quijote, profeta de Israel (titulo francès : Don Quichotte prophète d'Israel), Cervantes ocultó los secretos del pensamiento hebreo y arameo del Zohar tras la figura del ingenioso hidalgo.
Los puntos más fascinantes de su descubrimiento detallan cómo se conecta el Quijote con el Zohar:
1. La estructura de los Sefirot (El Árbol de la Vida)
Aubier afirmaba que la novela no sigue un orden azaroso, sino que está minuciosamente estructurada siguiendo el mapa de las Sefirot (las diez emanaciones divinas de la Cábala que forman el Árbol de la Vida). Cada salida de Don Quijote, los personajes que encuentra y el itinerario geográfico representan un viaje iniciático de ascenso espiritual a través de estas energías místicas.
2. El desciframiento lingüístico y los juegos de palabras
Una de las partes más minuciosas de su trabajo consistió en analizar el castellano antiguo de Cervantes bajo el filtro del hebreo y el arameo. Para Aubier, muchos nombres propios eran anagramas o códigos:
Don Quijote: Relacionaba la palabra "Quijote" (la pieza de la armadura que cubre el muslo) con el concepto de la fuerza o el "soporte" en la simbología sagrada. Quijote, en arameo, sinifica "Verdad".
Sancho Panza: Representaba la materia, el recipiente terrenal que debe recibir la luz espiritual.
Cide Hamete Benengeli: El supuesto historiador árabe al que Cervantes atribuye el manuscrito del Quijote era, para Aubier, una pista directa para desviar la atención de la Inquisición, ocultando que el verdadero trasfondo del texto era judío.
Dulcinea del Toboso : imagen de la Shejiná. Del hebreo שכינה, que representa la presencia divina o el aspecto femenino de Dios en la Cábala. Esta tesis de Dominique Aubier fue el objeto de una obra de D. Blumenstihl-Roth, quien estudia en detalle el texto cervantino según el método de investigación de D. Aubier y confirma el descubrimiento.
3. Las escenas icónicas leídas en clave cabalística
Aubier analizó línea por línea pasajes célebres de la novela, revelando que ocultaban pasajes de la Torá y del Zohar:
Los molinos de viento: No eran una simple locura. Según su exégesis, representan el enfrentamiento de Don Quijote contra los falsos ídolos, los "mecanismos" ciegos del mundo material y los vientos del destino que el hombre espiritual debe aprender a dominar.
Clavileño y la Merkabá: El viaje sobre el caballo de madera, Clavileño, era una clara alusión a la Merkabá (el Carro de Ezequiel), la corriente del misticismo judío que estudia el ascenso celestial en visiones místicas.
4. El Quijote como "Profeta"
Para la escritora francesa, Don Quijote es el arquetipo del "Justo" (Tzadik en la tradición hebrea), alguien que parece loco a ojos del mundo ordinario porque vive bajo las leyes de una realidad superior, la de la justicia divina y la verdad absoluta.
A pesar de que el mundo académico tradicional miró sus teorías con distancia y escepticismo, su análisis fue tan monumental y detallado que cautivó a expertos en semiótica como el prof. David Gonzalo Maeso, Catedràtico de Lengua y Literatura Hebrea en la Universidad de Granada, y literatura comparada (como la profesora Ruth Reichelberg de la Universidad Bar Ilán de Israel), quienes continuaron y validaron sus investigaciones.
El profesor Haïm Vidal Sephiha (1923-2019), lingüista, catedrático de la Sorbona y máxima autoridad mundial en el ladino (judeoespañol), validó las tesis de Aubier.
Sephiha coincidía con Aubier en que la literatura del Siglo de Oro español no se podía entender sin el trauma de la expulsión de 1492 y la posterior vigilancia de la Inquisición. Para Sephiha, el análisis que hacía Aubier sobre el "cifrado" de la novela tenía todo el sentido histórico: un escritor de origen judío en la España de la Contrarreforma tenía obligatoriamente que ocultar sus referencias al Zohar o a la tradición hebrea tras alegorías, humor y parodias para salvar la vida.
5. El reconocimiento mutuo y la difusión
Gracias al aval de figuras como Haim Vidal Sephiha comparada y semiótica de una profundidad asombrosa. El profesor Sephiha no solo estudió la obra de Aubier, sino que la defendió públicamente en los círculos académicos de París. Ambos compartían, además, un pasado que los unía profundamente: Sephiha era un superviviente del campo de concentración de Auschwitz, y Aubier había luchado en la Resistencia francesa. Esa sensibilidad compartida hacia la preservación de la memoria y la cultura judía frente a la destrucción hizo que colaboraran estrechamente.



